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Marcelino fue un hombre cuyo sueño es atemporal y sigue haciéndose realidad día a día.

Atreverse a mirar a Champagnat es atreverse a ver la constancia y la capacidad de esfuerzo, como en la viñeta en la que está representando cortando la roca sobre la que se construiría la casa madre de todo el instituto.

Es atreverse a mirar la capacidad de acogida y el sentido de familia, como en la viñeta en la que acoge a un nuevo hermano que se haga presente entre niños y jóvenes.

Es atreverse a mirar la necesidad de los niños y jóvenes, como en la viñeta en la que acude a visitar al joven Montagne, muy enfermo y a punto de morir sin conocer a Dios, momento que supone para Champagnat el último empujón para la creación de los Hermanitos de María.

Es atreverse a mirar a  María con sus ojos, desde el cariño y la admiración, como modelo y referente del día a día, ver su ternura, su apoyo, su constancia, su valentía,…

Es atreverse a mirar su universalidad ya que su mensaje es para todos los niños y niñas, para que se sientan amados y crezcan convirtiéndose en buenos cristianos y honrados ciudadanos, que queda representado con el logo de su canonización.

Atreverse a mirar a Champagnat es ver las tres virtudes maristas: sencillez, humildad y modestia, representadas por las tres violetas.

Atreverse a mirar a Marcelino es atreverse a mirar a un hombre que experimentó a Dios de tal manera que lo descubría en las personas con las que se encontraba y fue capaz de transmitir ese carisma a sus hermanitos, y ellos unos a otros llegando a nuestros días a través de los hermanos, de los laicos maristas que trabajamos en los colegios, obras sociales, movimiento juvenil, ONGD SED,… en contacto con niños y jóvenes a los que tratamos de hacer llegar todo esto que vivimos como bueno.

Eso es lo que celebramos mañana, 6 de Junio, en el día de nuestro fundador, San Marcelino Champagnat.

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